Cuidados
​Líneas de Trabajo Integrales

Dentro del nuevo paradigma del desarrollo sostenible el cuidado de la vida ocupa un lugar en el centro de la escena y a partir de ahí empieza a hablarse de economía de cuidados, dentro de la cual incluimos el trabajo doméstico vinculado al cuidado de las niñeces, adultos y adultas mayores, personas enfermas y discapacitadas. 

 

Cuando hablamos de cuidados nos referimos a las actividades destinadas a la satisfacción de las necesidades básicas de las personas, garantizando los recursos  materiales, simbólicos, afectivos, emocionales y de perspectivas que hacen posible la vida en sociedad. 

 

La novedad y urgencia actual acerca de esta temática, reside principalmente en el escenario en el que hoy se desarrolla, caracterizado por el cuestionamiento a los estereotipos de géneros y la transformación del rol asignado a las mujeres, a quienes históricamente se les ha atribuido las tareas de cuidado,y el incremento de la demanda demográfica de los sujetos que lo requieren. Por lo tanto, en este escenario, la construcción de una política pública de cuidado resulta imprescindible.

 

Pensar las tareas de cuidado desde el diseño de políticas públicas, significa politizar el cuidado, es decir no naturalizarlo como algo propiamente femenino sino abordarlo desde una dimensión interdisciplinaria que incluya el bienestar, garantizado en un marco con perspectiva feminista. La organización de los cuidados suele ser injusta y profundiza la desigualdad al considerar a la familia como única esfera de provisión de cuidados, especialmente a las mujeres que la integran, ésta se convierte en un vector de desigualdad, sobre todo cuando no todo sujeto de cuidado cuenta con un núcleo que lo contenga.

 

Existen avances normativos en cuanto a los consensos en la promoción de la redistribución de los cuidados brindados y sostenidos por el núcleo familiar hacia la esfera pública, a partir de un rol más activo del Estado en su provisión. La organización social del cuidado se refiere a la forma en que familias, Estado, mercado y organizaciones comunitarias, producen y distribuyen dichas tareas. En esta configuración dinámica, participan diversos actores conformando redes de cuidado.

 

Este modelo amplía el campo social de los cuidados y sus responsabilidades, e implica un corrimiento de la familia y del espacio doméstico al entorno social. En otras palabras, una responsabilidad colectiva, compartida no sólo entre varones y mujeres, sino entre el ámbito privado y la esfera pública.

 

Desde esta perspectiva, el modo en que las sociedades abordan los cuidados, incidirá en la forma de organizar la solidaridad y el ejercicio de la ciudadanía social, la distribución de la responsabilidad del cuidado y los contratos de género y generacionales en esta materia. Es entonces nuestro compromiso visibilizar esta problemática, como primer paso para la construcción de un nuevo imaginario y delinear desde allí políticas públicas que tiendan a la igualdad.

 

En el escenario de la Pandemia, el sector de Trabajo Doméstico y Cuidados no Remunerados constituye el 21,8 % del PBI, 5,9% más con respecto a las mediciones anteriores a la pandemia. Esto se explica tanto por el aumento de estas actividades como por la caída de otras (ej. comercio, industria, etc.). Es decir, que el sector de Trabajo Doméstico y Cuidados no Remunerados es el que mayor peso tiene dentro de la economía nacional argentina en la actualidad, lo que significa una apertura de posibilidades para empezar a trabajar y pensar políticas públicas vinculadas a este sector.