11° Aniversario de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario

Por Ana Negrete

Nací en el ́78, crecí en los ́80 y empecé la facultad en los ́90. Soy hija de una madre soltera, “jefa” de hogar y trabajadora incansable. No tuve una infancia ni una adolescencia muy consciente de lo que no tenía, por el contrario, disfruté siempre lo que si tenía. Puro talento de mi vieja.

Empecé a militar en la facultad e hice propia una mirada generacional sobre un presente devastador y un futuro aterrador. Tampoco en ese momento fui muy consciente del escepticismo con el que crecíamos.
Fue con Néstor que pude ver, entre muchas otras cosas, que mi generación había crecido en esa decepción sobre la política y el futuro y que eso nos movilizaba pero desde una enorme incredulidad en que algo se podía transformar, resistíamos con la idea de sobrevivir. También, y esto es lo más importante, pude hacer carne algo que podía enunciar desde la historia de nuestro país y de nuestra América: la vulneración de los derechos de las mayorías es el profundo sufrimiento histórico de nuestro pueblo y eso puede tomar otro cauce cuando se encuentran la voluntad popular y la decisión política.
Entender qué son los derechos es algo absolutamente transformador, y reconocerse sujetx de derechos profundamente liberador; porque quienes no tenemos el capital tenemos nuestro cuerpo, nuestras convicciones y nuestro trabajo cotidiano y eso, abrazado por el Estado y la decisión política de un gobierno popular, es revolucionario.

Así fue en los 12 años de gobierno de Néstor y Cristina, reivindicaciones históricas, que en muchos casos estaban cargadas de profundos sufrimientos, se encontraron con la escucha y la voluntad política y se convirtieron en políticas de Estado. Con esa certeza nos abrazamos fuerte en la fría madrugada del 15 de julio de 2010, sintiéndonos amparadxs, incluso quienes nunca habíamos pensado que el matrimonio estaba en nuestro horizonte de vida y que entenderíamos mucho tiempo después qué significaba para nuestros proyectos de vida, pero que habíamos hecho nuestra la lucha por un derecho para todxs.
"No hemos promulgado una ley, hemos promulgado una construcción social, transversal, diversa, plural, amplia y no le pertenece a nadie" dijo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner el día de la promulgación de la Ley de Matrimonio Igualitario. Y en esa conquista, como en tantas otras, se hizo efectiva una estrategia colectiva de militancia y organización que recogió la historia de lucha de las organizaciones de derechos humanos y de la diversidad sexual; se erigió en la calle y encontró en la voluntad política de un gobierno una interlocución que lo hizo posible.


Esto es un aprendizaje, que como casi todos los aprendizajes, los podemos ver más tarde, a veces incluso cuando las condiciones son otras y el dolor es grande. Aprender es ver algo que antes no veías y eso es irreversible. Lo que aprendimos forma parte de nuestra mirada y de nuestra concepción del mundo. Y gracias a eso pudimos transitar 4 años de gobierno neoliberal con profundas consecuencias para nuestro pueblo, pero sabiendo que la calle es un lugar que no podemos abandonar, que la organización es la plataforma de nuestro poder y de nuestro cuidado, que cada unx de nosotrxs tenemos derechos y que solo con gobiernos populares se pueden conquistar.
Esa calle y esa disputa, lugares perdurables antes y después de la Ley, nos encontraron en estos últimos años abrazándonos en las luchas de lxs trabajadorxs, acompañando a las Madres y a las Abuelas contra el 2x1, en la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito, en el grito colectivo cada vez que hay un travesticidio o un femicidio.

Serviría muy poco un derecho para un colectivo sin un horizonte de articulación de derechos, sin un horizonte de posibilidades para todxs. Lo central es la igualdad.
No queremos que ningunx pibx sufra por enunciar su sexualidad o su identidad de género, queremos que la escuela pueda nombrarle como desea, queremos que a todxs lxs pibxs se les reconozca la forma de familia que tienen y que todxs puedan soñar en casarse con quien amen, pero por sobre todas las cosas que todxs puedan vivir plenamente su vida.

A 11 años de la Ley de Matrimonio Igualitario, a un año y medio que me casé con mi compañera de vida, a un poquito más de 6 meses de la conquista de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, en la semana que se reconocen las tareas de cuidado como trabajo para la jubilación de miles de mujeres como mi vieja que cuidaron de nosotrxs con mucho amor y con mucha dignidad pero en el marco de una profunda desigualdad; podemos reafirmar como hace una década, y como hace 75 años, que militamos y somos parte de un proyecto político donde el Estado es la herramienta para la construcción de derechos, y con ello de igualdad.

Que cada paso, que cada conquista, que la celebración de cada derecho nos reafirme el horizonte, porque en definitiva el sentido de nuestras vidas y de nuestras luchas es que reine en el pueblo el amor y la igualdad.

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